El último presidente nacionalista: José López Portillo

Todo mexicano debe saber que cada vez que nuestro país se ha propuesto elevarse por encima de sus penurias, Estados Unidos  lo ha impedido. La última ocasión –que vale la pena rememorar por la intensidad de la lucha, que nadie vio, pero que hay que reivindicar– es la que encabezó José López Portillo; este héroe olvidado combatió a los organismos financieros internacionales que le forzaron a reducir el gasto público porque no era conveniente acabar con la pobreza; luchó  contra Estados Unidos y sus pretensiones de adueñarse del petróleo y, además, estuvo activo en el frente de los países que deseaban un nuevo orden económico mundial, de ahí que buscara alianzas lo mismo con la Unión Soviética que con Francia.

Hay que reconocer que esta agenda de concertaciones internacionales inició con Luis Echeverría, otro nacionalista, que también fue golpeado por el poder estadounidense y obligado a devaluar la moneda en casi 50 por ciento.

Incluso López Obrador cuando dice que el sistema neoliberal fue impuesto en nuestro país hace 30 años está reconociendo implícitamente que el cambio en el orden económico se dio después de Lopez Portillo –con Miguel de la Madrid a partir de 1982. De hecho, el tabasqueño salió del PRI precisamente cuando el sexenio de de la Madrid.

Pero, honor a quien honor merece, López Portillo fue ese hombre que trazó un plan económico para hacer de México un país de primer mundo al contemplar la construcción de más de 100 refinerías, lo que nos hubiera dado una ventaja comparativa sin  precedentes; sencillamente no habría gasolinazos.

López Portillo fue ese hombre que tuvo la visión de crear un programa ambicioso de energía nuclear, lo que para su tiempo y para un país como México, representaba la apertura de un nuevo paradigma. Y JLP fue también ese hombre que buscó el crecimiento acelerado de la economía mexicana fundamentando su deseo en el desarrollo industrial, el fomento al campo, la explotación de los recursos naturales y la educación de calidad.

Era un hecho que íbamos a administrar la abundancia, pues, pero la mano escondida de Estados Unidos frenó como siempre el desarrollo de México. Y es que es lógico, revisemos las palabras de un colaborador cercano a Jimmy Carter –presidente de EU en aquel entonces–: “México no debe convertirse en un Japón al sur de la frontera”, y decir eso es lo mismo que decir que lo que sí quieren es un país con hambre y pobreza, con violencia y migración, con desposeídos y marginados.

Fue, por cierto, durante el mandato de López Portillo, y gracias a la Reforma Política impulsada por él, cuando los comunistas dejaron de ser guerrilleros para poder convertirse en diputados: ese autoritario que critican fue el autoritario que les dio voz e indulto.

Así pues, en un mundo donde sigue vigente la tensión norte-sur, se hace necesario reivindicar la figura de este gran patriota, de este nacionalista.

Nota: los argumentos sobre la casa del perro y el nepotismo son mariconadas, enfoquémonos en lo realmente importante: el yugo estadounidense.

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