Los presidentes de México hacen sólo lo que se puede

Es una verdadera vergüenza que vivamos en un país donde el gobierno está condicionado por el gobierno en turno de Estados Unidos; esta situación ya es bastante evidente y no podemos evadir la realidad: vivimos en algo parecido a un protectorado.

A México se le permite hacer sólo lo necesario (¿cuándo se ha dejado morir a los esclavos en la historia universal?), se le permite trabajar dentro de ciertos márgenes, lo que no se le ha permitido es ser una potencia mundial, ni siquiera una potencia regional; pero vamos a cambiar este estado de cosas de eso estoy seguro, porque es algo que depende de la ciudadanía organizada.

Pero es que solo basta con ver la realidad del país para darnos cuenta de que incluso el nivel de desempleo es algo que está contemplado en los planes de Washington; el trato es algo inaceptable: mientras ellos conservan la hegemonía mundial nosotros tenemos que conformarnos con las migajas que se le reservan a los países de la periferia del poder.

Hay gente que ni se imagina las penurias por las que pasa México todos los días, pero para muestra un botón: en el año 2009, el expresidente Felipe Calderón, como coordinador del G5 (Grupo de los cinco), propuso que el organismo gozara de mayor autonomía con respecto del G8, después de lo cual los países desarrollados decidieron frustrar la intentona calderonista.  Fue en ese momento que se decidió que México no sería la 5ª economía mundial, que era lo que el michoacano buscaba. Así pues, la iniciativa del panista fue echada a la basura por osar retar a los países que poseen armas nucleares –no hay por qué decirlo de otra forma. Calderón buscó un G5 con más atribuciones y lo que recibió fue una aterrizada en sus aspiraciones.

Y no es que esté defendiendo al expresidente, sólo apunto que hizo lo que pudo en su estrecho margen de actuación. Por eso es que al final de su mandato tuvo ese gesto de patriotismo cuando le propuso al Congreso de la Unión cambiar el nombre de la república, de Estados Unidos Mexicanos, a México. Tal acción fue un guiño de ojo tanto para la clase política mexicana como para la estadounidense; desde luego, el Congreso hizo caso omiso de la solicitud ejecutiva, después de todo, hay tratados no oficiales, no firmados, no difundidos, pero que ambas partes (EU y Mex) conocen ,y a eso nos tenemos que apegar forzosamente.

Y de Vicente Fox ni hablar, simplemente no hizo algo por lo que algún mexicano pueda sentirse orgulloso; antes bien, todo lo contrario: en una entrevista reciente en Oppenheimer Presenta señalaba –parafraseo– que “Estados Unidos es un imperio, sí, pero es un imperio bueno y debemos seguir así, siguiéndoles”. Ante una burrada como esa me quedo sin palabras.

La convicción que me mueve es que algún día  de estos cambiaremos las cosas y le plantaremos cara al mundo para decir con fuerza: nuestro futuro no es negociable.

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