La libertad para vivir, elegir y actuar.

Leí ayer en la mañana que las autoridades lograron frustrar la venta de una muchacha de 15 años en Puebla, cosa que me alegra pero que no deja de preocuparme, simplemente enterarme ya me prende los focos rojos. Me recuerda, por cierto, aquella vez cuando entregué un ensayo a un diputado local donde argumentaba lo factible de legalizar las drogas. Corría el 2013.

Y es que las dos cosas tienen que ver con la libertad: la libertad para la elección de consumo y la libertad inherente del ser humano, aquella con la que se nace y a la que se tiene derecho sí o sí –desde mi muy humilde opinión.

Y, ¿cómo se enlaza el tema de los “huachicoleros” con la niña de Puebla y con la reforma al marco jurídico de las drogas en México?, muy fácil: también con el concepto de libertad.

En México no se legalizan las drogas, porque según los que saben, las bandas criminales empezarían a realizar otras actividades ilícitas. Pero, es precisamente esto lo que provocaría la indignación necesaria para que la gente rechazara la ilegalidad. Dicho esto es un escenario donde algunas ocasiones el narcotráfico es visto con tintes de heroísmo y como un acto de rebeldía en contra del gobierno. Las cosas son tan complejas, que uno se encuentra a personas que en la misma conversación hablan bondades pero también pestes del crimen organizado.

En el México grande al que aspiramos, las drogas ya no serán ilegales, se le bajará el impuesto a los combustibles y se combatirá con inteligencia al crimen; porque, en el México que actualmente tenemos, los narcos son vistos con ojos de “amistad” porque “retan” al gobierno que “oprime” al ciudadano común, sea con impuestos, sea con la nula respuesta a la solicitud de pavimentación de su colonia; se tiene a unos “justicieros” que roban gasolina por 1) ser una forma fácil de enriquecerse, 2) los altos precios en los productos que ha provocado el alza al combustible y 3) por la apertura de Pemex a la Iniciativa Privada, por lo que aquello resulta en el imaginario del mexicano como un acto de “resistencia” o “rechazo” a lo extranjero y termina siendo arropado por el pueblo –esto último tiene respaldo en el hecho incuestionable de que la actividad de ordeña a los ductos de Pemex ha incrementado desde que la Reforma Energética fue promulgada.

En el México grande al que aspiramos, a la delincuencia se le combate más con la información y capacidades tecnológicas que con el Ejército y la Marina. Talvez cuando los criminales ya no tengan el negocio de las drogas en México optarán por otro tipo de actos, pero seguro éstos actos ya no estarán arropados por la cierta “benevolencia”  y “comprensión”. Y si la ciudadanía participa más activamente con su rechazo a la ilegalidad, entonces los casos como el de la muchacha raptada en Puebla irán desapareciendo paulatinamente.

Por ello remití a Gilberto Lozano una recomendación para que enarbolara la lucha por la legalización de las drogas, porque es una cuestión que será exitosa siempre y cuando cuente con el impulso de la ciudadanía concientizada, y qué mejor que un movimiento social como Congreso Nacional Ciudadano para solicitar derechos y libertades fundamentales. Yo, que me debo a compromisos políticos, y consciente de que TODAVÍA en nuestro país la corrección política nos limita demasiado, me apropio del lugar del que apoya.

Otro México es posible, no nos cansemos nunca de decirlo, y no claudiquemos en la lucha para conseguirlo.

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